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Cómo afrontar una infidelidad

  • Foto del escritor: Analia Astegiano
    Analia Astegiano
  • 30 sept 2024
  • 4 Min. de lectura


   Según Carl Jung el proceso de individuación a medida que crecemos nos va transformando en personas libres y maduras emocionalmente al llegar a la edad adulta, esto nos permite conocernos saber que podemos ser personas celosas, controladoras, introvertidas, apegadas, posesivas, etc.

El impulso sexual a partir de la adolescencia nos empuja a salir de casa para relacionarnos con otras personas de quienes aprender algo nuevo e ir dejando atrás los vínculos que nos dieron la vida; si no damos ese paso, nuestro mundo interno se quedará anclado al de nuestros padres y hermanos y esto, lejos de favorecernos, nos limita la vida y toda la riqueza que nos pueden aportar nuevas relaciones.


   Cualquier lealtad familiar que sigamos manteniendo en la adultez nos lleva a sentir que al hacer nuestra vida estamos abandonando a quienes nos la dieron y que es mejor esperar a que otros resuelvan sus problemas para recién ahí tener el permiso de accionar lo nuestro.


“El comportamiento del adulto en sus relaciones amorosas está moderado por una similitud a las relaciones que tuvo este de niño con sus padres”

John Bowlby


   El apego inseguro y la infidelidad van de la mano, si de niños no hemos tenido garantías de conexión emocional estable con nuestros padres, esto puede ser un factor de riesgo tanto para ser infiel como para recibir una infidelidad. Por eso cuando vivimos tal situación es importante revisar que pasó en nuestra historia y hacer las paces con el pasado, esto nos llevará a vivir relaciones más auténticas y así, evitar repetir las mismas situaciones una y otra vez.


   La infidelidad está asociada a una falta de madurez emocional que hace que la persona no se comprometa, que busque relaciones pasajeras en las que no se involucre demasiado ni tenga implicancias, demuestra falta de responsabilidad a la hora de formar familia o dar prioridad a las necesidades de su entorno. 


   Muchas veces detrás de la infidelidad hay aspectos propios que no hemos terminado de integrar y que guarda relación con la información que llevamos y es esto, lo que debemos revisar ya que si no lo hacemos nos encontraremos con personas que nos lo mostrarán una y otra vez.


   Por ejemplo, si tu pareja ha sido infiel y a pesar de no querer continuar la relación seguís 

dejando que se quede en vuestra casa, quizá lo estás protegiendo como si fuera un huérfano” y no tuviera donde ir; la inversión de pensamiento te puede llevar a reflexionar que quizá estás funcionando de manera incoherente como “madre”.

Debes preguntarte:

   -¿Qué pasó con otros hombres de tu vida?

   -¿Qué pasó en la relación entre tus padres para que estés protegiendo a los hombres de esta manera?

 Si revisamos todas nuestras relaciones, quizá podamos ver que siempre salimos al rescate de los demás.


   Aunque nos duela reconocerlo la infidelidad es una consecuencia de la relación que tenemos con nuestra pareja, no es la causa del malestar o la ruptura. 

Si somos capaces de profundizar veremos que ya teníamos con el otro cierto malestar que no pusimos sobre la mesa en su debido momento. Por ende, también lo podemos pensar como una “infidelidad hacia nosotros mismos” ya que ya que si así no fuera, esas situaciones no formarían parte de nuestras vidas.


Ciertas preguntas que pueden surgir al tomar estas experiencias como aprendizajes serían:

   -¿Qué tan fiel estoy siendo yo a mi mismo o a mi misma?

   -¿Qué estoy haciendo que no quiero?

   -¿Soy capaz de exponer lo que necesito o me callo para satisfacer a los demás?


“El sexo exige descontrol y la persona controladora es difícil para intimar”


También podemos pensar en el sexo como una forma de compensaciones: figuras abusivas, mujeres “alfa” o acorazadas, en estos casos las personas no deciden que es lo que quieren de de verdad, están compensando al sistema.

 Mujeres que están todo el tiempo haciendo de todo para mantener al hombre en casa, eso habla del poco amor propio y hombres que no se comprometen para no sentirse avasallados, son inseguros, no es una masculinidad real.


“No mires hacia la mujer para validarte, no intentes conseguir todas tus respuestas... muchos jóvenes van detrás de la mujer para afirmar su masculinidad a través de ella”

 John Eldritch


El Tao dice que la persona más sabia es la más flexible y esto implica alejarnos de los excesos, implica no estar complaciendo de manera permanente ni tampoco exigiendo recibir, debe existir un fino equilibrio entre ambas posiciones para poder vivir plenamente.


La relación de pareja no tiene otro propósito más que integrarnos, esto es vital.

Es necesario revisar la fidelidad para con uno mismo y hacerse ciertas preguntas:

   -¿En qué aspectos me he dejado de lado en la relación?

   -¿Cómo me voy dejando de lado a medida que pasa el tiempo?

Al final, la infidelidad solo nos muestra el abandono hacia nosotros mismos; las creencias que hemos alimentado del tipo “no soy merecedora o merecedor de un amor sano” nos empuja a mantener relaciones que al fin y al cabo no son satisfactorias.

Revisar que quizá seamos nosotros quienes no estemos presentes en la pareja por seguir siendo fieles de alguna manera a mamá o papá, nos da la oportunidad a pesar del dolor, de construir un vínculo orientado al presente sabiendo dejar atrás a quienes nos dieron la vida.


“Confiar en los otros exige fortaleza”

Analia Astegiano

Bioneuroemoción®


 
 
 

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