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Madres e hijas adolescentes

  • Foto del escritor: Analia Astegiano
    Analia Astegiano
  • 31 mar 2025
  • 4 Min. de lectura

Del Mito de Demeter a una madre lo suficientemente buena.


Sin duda la relación más importante en la vida de una niña es la que establece con su madre (o quien asuma ese rol) pues no solo es quien le ha dado la vida sino quien será en sus primeros años un referente importante para la adquisición del arquetipo femenino y todo lo que este puede aportar para enriquecer su vida, esto marcará las decisiones que tome, las relaciones que establezca, el balance entre dar y recibir, la valía propia, la apertura a otras experiencias y la confianza en otras personas. La madre tiene sin dudas un rol protagónico en la vida de sus hijos y sobre todo en la de sus hijas mujeres, ejerce un papel activo sobre ellas y tiene el poder de ser una influencia fuerte en la formación de su psique y en la estructura de su personalidad.

Del Yin al Yan 

Llegada la adolescencia la hija mujer necesita incorporar cierta cuota de energía masculina (Yan) que implica desapegarse de la madre e ir hacia el padre, establecer límites y adquirir cierta cuota de agresividad; esto le permitirá comenzar a dirigir su mirada hacia donde quiere ir y quien quiere llegar a ser. Si no puede dar ese paso (la mayoría de las veces porque no tiene el permiso de su madre para hacerlo), se frustrara y pasará a culpar a la madre por ello.

Se establece entonces una relación amor-odio que no beneficia a ninguna de las dos partes. Al llegar a la adultez, la hija será incapaz de establecer vínculos afines y por ende, asumir que debe marcharse de casa; no podrá hacerlo, dará mil excusas para evitar tomar la decisión y al mismo tiempo proyectará en su madre (y a veces en el padre) sus propias incapacidades.

En la transición de la adolescencia hacia la vida adulta la hija se encuentra con el difícil dilema de superar a su madre, debe ser una versión mejorada del arquetipo materno-femenino en relación a ella y debe poder sostener ese lugar sabiendo que antes estaba destinado a su madre. Pero para que este paso se dé de manera genuina la madre debe permitirse llegado el momento, ir por su propia vida dejando atrás a la madre que fue (en sentido simbólico). Si la hija no da ese paso sentirá una gran frustración por no poder ir al máximo de sus capacidades y su enojo será tanto para con ella como para su madre.

El Mito de Deméter: la separación de la hija

Demeter es la diosa de la agricultura quien se encarga de que haya frutas y árboles florecidos, su hija, Persefone es todo para ella, siempre se las ve muy unidas, disfrutan la eterna primavera. Un día Persefone se despista del camino, toma una flor de narciso y es raptada por Hades, quien la aleja de su madre. Demeter se desespera al no encontrarla y le jura a Zeus, su esposo, que hasta que no la tenga de vuelta, no crecerá un arbol en el bosque, no habrá frutos y todo será desolado y triste; Zeus ayuda a Demeter a entrar en razón y comprender que su hija ya no es una niña, aceptar que ya creció y tiene la necesidad de ir por su vida. Demeter entonces llega a un pacto con él y le dice que la mitad del año en que tenga a su hija de vuelta será primavera- verano, la otra mitad en que esté con Hades en el inframundo, será otoño-invierno.

Este es el momento en donde la madre se transforma y es mejor persona y mejor mujer y la 

relación entre ambas es más fructífera gracias a esa distancia, la hija puede ser ella misma aún estando con su madre y puede distanciarse sabiendo que ella siempre va a estar allí.

“Cuando no retenemos a los hijos, los hijos vuelven”

David Corbera

Una madre lo suficientemente buena

Según la teoría de Donald Winnicott, pediatra y psicoanalista inglés, fallar es una parte necesaria de criar a los hijos, ya que de esta forma ellos aprenden sobre la realidad de un mundo imperfecto.

Cuando Donald Winnicott describe a “una madre lo suficientemente buena” se refiere a aquella mujer imperfecta que criará a sus hijos con amor y cuidado pero no podrá salvarlos de todos los peligros y adversidades del mundo real, será una madre que dará alas para que sus hijos busquen por ellos mismos el camino hacia su propio destino pero también en esa labor cometerá errores porque no deja de ser una persona que también tiene heridas emocionales, Winnicott nos dice que debemos situarnos lejos del modelo de “madre perfecta” y ser más auténticas haciendo de alguna manera honor a nuestros lados flojos porque serán ellos los que forjen aquello que impulsará, sobre todo a las hijas, a su búsqueda para superarse. 

Si las madres fueran perfectas, las hijas no tendrían nada que superar por sí mismas.

Ser una guía hacia su auténtica libertad

La madre no es la única responsable en la crianza de su hija, el rol paterno (que no siempre es ejercido por el padre biológico) en función del arquetipo masculino, es importante para 

ejercer la castración necesaria en el vínculo madre-hija para influir y aportar todo lo que en este periodo le es necesario integrar para salir a la vida cuando sea adulta. 

Es importante que las madres dejen de hacer el esfuerzo por ser “madres perfectas”, nunca lo serán, si insisten en ello, sus hijas no tendrán qué superar y la vida no llega a ser un desafío para ellas, su vida irá camino al vacío existencial.

Lo que la madre no puede proporcionar, su hija puede ir a buscarlo en otras personas y así nutrirse y retroalimentarse de otros que puedan enriquecer su vida; si como madres podemos proporcionar todo, los hijos y especialmente la hija mujer, no irá a buscar nada fuera y su vida se transforma en una cárcel.

“Resulta muy difícil predecir en un 75% de los casos como será el patrón de apego que una madre pueda tener con su hijo cuando este tenga de 1 año de edad sin tener en cuenta como esta madre transitó su embarazo y cómo vivió la relación con sus propios padres” 

Nancy Friday 

Debemos humanizar a las madres, mirarlas con amor y compasión y llegar a ver qué muestras de amor, cuidado y respeto nos han dado, y qué es lo que nos ha faltado y de esto último nos lo generamos nosotros mismos.

Analia Astegiano

Bioneuroemoción® 


 
 
 

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