Relaciones de pareja: ¿nos condicionan o nos potencian?
- Analia Astegiano
- 5 nov 2023
- 4 Min. de lectura

Cuando formamos un vínculo nos sentimos plenos, eufóricos y dispuestos a vivir cada momento al máximo, no obstante que pasa cuando luego de un tiempo comenzamos a percibir que aquello que tanto nos gustaba y atraía del otro, hoy nos molesta y nos separa.
¿Será que elegimos al otro considerando que es esa “persona especial” que necesitamos en nuestra vida? ¿Cuánta expectativa depositamos para que pueda cubrir nuestras necesidades? ¿Qué pasa si percibimos que ya no lo hace?
Necesidad y complementariedad
Comúnmente creemos que elegimos a una pareja porque nos atrae físicamente o porque percibimos en el otro aquello que nos hace sentir protegidos, cuidados y alagados, eso que “satisface nuestras necesidades de cariño y atención”, esa persona “especial” se transforma en un verdadero motor para nuestra vida y edificamos junto a ella nuestro mundo.
No obstante, no elegimos de manera consciente, puesto que sino, cuando comenzamos a percibir en el otro aquello que ya no nos gusta tanto, no pensaríamos que el otro ha cambiado o es el responsable de nuestro malestar, sino comprenderemos que es nuestro perfecto complemento.
¿Qué significa esto?
Atraemos a todas las personas que forman parte de nuestro mundo (excepto la familia): nuestros amigos, compañeros de trabajo, de deportes o relaciones íntimas debido a que somos pura energía, y por ende, información. Esa información emitida por cada uno de nosotros es compartida al Campo Universal, este último nos devuelve aquello que se complementa con nuestra información.
Te doy un ejemplo: si en tu niñez te ha faltado una madre presente y amorosa probablemente seas de esas personas que tienen complejo materno, te ocuparás de las personas que te rodean de manera excesiva, teniendo en cuenta todas sus necesidades, serás una “Gran Madre” de todos, a tu vida atraerás una pareja (hombre o mujer) que haya sido muy protegido/a por su madre teniendo una relación de apego hacia ella y falta de madurez emocional por haber sido “sobreprotegido/a”. ¿Quién le viene bien como pareja? Una persona que haga de madre, o sea vos.
Nos complementamos, nuestra información resuena con la del otro y así, creamos nuestros lazos.
“En Bioneuroemoción® decimos que “no nos enamoramos sino que, resonamos”
En definitiva, nuestra pareja en un maravilloso espejo donde veremos aquello que más nos gusta o nos disgusta de nosotros mismos pero no lo hacemos consciente puesto que se encuentra en aquel lugar que llamamos tal como menciona Carl Jung “la sombra”, ese lugar inconsciente donde alojamos aquello que reprimimos, rechazamos o simplemente ha sido
censurado en algún momento de nuestra vida.
La pareja como espejo de nuestro hogar familiar
Tomando como base la figura de nuestros padres es cómo elegiremos a nuestra pareja, lo hacemos para compensar una falta o carencia en alguno de nuestros progenitores, siempre estamos proyectando y en este caso, proyectaremos en aquel o aquella que elijamos como pareja nuestras necesidades no cubiertas a edades tempranas.
Por ello cuando empezamos a percibir que el otro no lo hace, comenzamos a dudar sobre si queremos conservar esa relación o no: comienzan los conflictos.
La sabiduría está en aprender a reconocerte en el otro, a saber que ese otro está ahí para que descubras qué aspectos propios es necesario sacar a la luz ya que han permanecido ocultos por demasiado tiempo, aspectos que se encuentran en la sombra y que únicamente tendrán luz a través de tus relaciones. Es por eso que las relaciones son el canal perfecto para hacer consciente lo inconsciente y saber que siempre nos estamos proyectando, que establecemos tales relaciones para compensar nuestro sistema y a nosotros mismos y que siempre podemos elegir desde un lugar de mayor conciencia haciéndonos responsables de lo que elegimos a cada paso.
El poder de la elección desde una conciencia más amplia
Una vez hayamos realizado nuestro propio “camino del héroe”, es decir, hayamos atravesado los laberintos secretos del alma, mirado de frente nuestras heridas a través de las relaciones que establecemos con los demás sin echar culpas ni sentirnos víctimas de la situación, podremos crear lazos sanos donde la otra persona sea alguien en quien confiamos, nos sentimos potenciados y apoyados y descubrimos nuestra propia alegría, paz y felicidad, eso que es propio y que es, gracias al otro, qué puedo verlo y vivirlo.
De esta manera podemos crecer sabiendo que lo/a hemos elegido siendo conscientes de que es la mejor persona que podemos encontrarnos, en el momento justo y que viene en enseñarnos aquello que necesitamos integrar; si hacemos eso, no hablaremos de romper o seguir una relación (salvo que sea muy perjudicial para una de las partes) sino, de agradecer a la infinita Consciencia por habernos dado a través del otro, la oportunidad de hacernos personas más completas entendiendo que no es el otro quien me completa, sino soy yo a través de lo que percibo del otro.
“Prefiero ser una persona completa antes que una buena persona”
Carl Jung
Hay personas que han permanecido juntas toda una vida y otras que han sido amores fugaces dejando una huella en nuestro Universo de emociones, el tiempo por el cuál mantenemos los vínculos no determina el éxito o el fracaso en una relación dado que a medida que el tiempo transcurre también nosotros vamos cambiando y madurando emocionalmente si estamos dispuestos a ello. Nuestras relaciones cambian, a Dios gracias, si nosotros cambiamos, estos cambios pueden hacer crecer el vínculo, o por el contrario, puede hacernos tomar caminos diferentes, lo cual muchas veces, genera dolor.
Lo que hará que tu dolor no se transforme en sufrimiento será lo mucho que te hayas cuidado de no perderte en la relación, lo que hayas sumado en tu vida gracias a la presencia del otro y la gratitud que sientas por haberte cruzado a esa persona en tu camino, de ahí en adelante, ya habrás aprendido bastante de qué trata la vida en términos de relaciones.
Analia Astegiano
Bioneuroemoción®



Comentarios